Gripe B

Crónica de la COVID-19

 

"La mayoría nunca tiene razón"
-Henrik Ibsen (renovador del teatro universal)

 

0. Antecedentes

En Noviembre del 2019 se detectaron en Wuhan, China, algunos pacientes con problemas respiratorios atípicos, que no se correspondían exactamente con ninguna enfermedad conocida. Las autoridades locales lo mantuvieron en secreto, pero el caso trascendió al gobierno central, que tomó cartas en el asunto. Y lo hizo de forma expeditiva, pero no evitó que dicha enfermedad se expandiera por todo el globo portada por los ejecutivos occidentales de visita en la ciudad por motivos de negocios.

A primeros de Marzo 2020 la OMS declaró como 'pandemia global' la COVID-19 (causada por un nuevo virus, el SARS-CoV-2).

La información que se ha ido vertiendo en los medios ha sido confusa y, a menudo, contradictoria. Ocure que nos hemos convertido en adictos a la inmediatez, pero para llegar a comprender algo es preciso mantenerse en la duda el tiempo que haga falta. Sin agarrarse a la primera explicación que mantenga a flote nuestra psique tambaleante.

Por otra parte, hace algunas décadas la censura funcionaba cortando el acceso a la información. Prohibiendo libros o películas. Hoy en día funciona de un modo inverso: para esconder un árbol se planta un bosque a su alrededor. Para esconder una información 'censurable' se lanzan mil bulos o teorías fantásticas que la envuelven y camuflan.

 

1. Las cifras (datos correspondientes al 17 de Junio del 2020)

Al ver estadísticas del COVID, me llenó de curiosidad la gran diversidad de sus efectos en distintas regiones, tanto dentro de España como en todo el mundo.

Paralelamente a los artículos alarmantes advirtiendo de la terrible enfermedad, aparecían -como en en un goteo- las noticias de excepciones a esta terrible pandemia:

"La paradoja griega: cómo el país que lo tenía todo en contra ha logrado contener el covid"
"El secreto del milagro portugués en la gestión de la pandemia del coronavirus"
"Coronavirus: el gran éxito de la estrategia contra covid-19 de Kerala, el estado de India gobernado por comunistas"
"Coronavirus en Nueva Zelanda: cómo lograron los neozelandeses dar por eliminados los contagios"
"Coronavirus en Vietnam: cómo logró el país no registrar muertos pese a compartir 1.400 km de frontera con China"
"Coronavirus: cómo logró Corea del Sur controlar la propagación del covid-19"
"Coronavirus: cómo Japón ha logrado controlar el covid-19 sin recurrir al aislamiento general obligatorio"
"África es la región con menos contagios y muertes por Covid-19"

Pero, observando con una mirada global, resulta que la excepción somos nosotros, los 'pandemizados'. Un grupo de países que suman el 20% de la población mundial acumulan el 90% del total de las muertes por COVID, mientras la gran mayoría del mundo (el 80% de su población) sufre únicamente el 10% de muertes. Una distribución para nada igualitaria, para nada atribuible al azar.

Curva de Lorenz. De una lista de países ordenada por su ratio de decesos, el eje de abcisas muestra el acumulado de sus poblaciones y el de ordenadas el acumulado de muertes por COVID-19. Ambos en porcentaje del total mundial.

 

No encontraba ninguna correlación entre la ratio de decesos (muertes por millón de habitantes) y las demás variables que se me ocurrieron: clima, renta per cápita, calidad del sistema sanitario, estrategia aplicada, disciplina social, etc. Lo puse en este mapa (autor), con datos de worldometers. (sobre la fuente de datos)

[situar el cursor sobre un país para ver los datos correspondientes]

Queda a la vista que el grupo de países sobres los que se concentra la 'pandemia' son cercanos geográfica y culturalmente. O políticamente conectados.

Observando mejor el proceso, muestro el mapa del incremento de muertes en el mes de Junio (del 1 al 24). Continuamos con el mismo patrón. Coincidencia entre los países más influidos por la pandemia y los más susceptibles a la política usamericana.

[situar el cursor sobre un país para ver los datos correspondientes]

Pero si miramos la Tasa de Letalidad (porcentaje de las personas contagiadas que fallecen a causa de COVID), los datos son aún más dispares: entre el 0 y el 24 %. En países vecinos, compartiendo frontera y comunicación, la misma enfermedad en uno casi no mata a nadie y en el otro a un elevado porcentaje de quienes la contraen. La única conclusión posible es la falta de validez de los datos presentados por los gobiernos (probablemente debido a la borrosa definición de qué es y qué no es morir por COVID-19).

[situar el cursor sobre un país para ver los datos correspondientes]

También cabe pensar que si algunos países casi no 'sufren' COVID-19 es porque esconden o manipulan los datos reales. Tampoco cuadra, entre los países reputados más transparentes, en algunos mueren mucho y en otros muy poco. Y entre los países reputados menos transparentes, lo mismo: en algunos mueren mucho y en otros muy poco. Aqui un mapa con el 'Indice de Corrupción Percibida':

 

2. Las comparaciones (inevitablemente odiosas)

Los medios de comunicación, por naturaleza, magnifican unas noticias y minimizan otras. Además, todos los medios de comunicación importantes son propiedad de grupos económicos importantes. Con intereses importantes y con alianzas políticas importantes: la información que magnifican (o inventan) y la que minimizan (o excluyen) se corresponde con sus intereses y el de los partidos políticos afines.

Y estos medios muestran únicamente datos, datos sin contexto, que nos puede parecer mucho o poco, pero carecemos de referencia para valorarlos. Por ejemplo, las muertes por COVID-19 en España (oficialmente 27.136) nos puede parecer una enormidad. Pero si los comparamos con las 15.000 muertes por la gripe común del invierno pasado (lo cual NO fue noticia) ya no es tan grave. Y si comparamos las 446.929 muertes por COVID-19 en todo el mundo con las normales por la gripe estacional, entre 290.000 y 650.000 muertes anuales, según la OMS (su virulencia varía de año en año), parecen una minucia. (Por no hablar de las causas de muerte normalizadas, como el hambre o la guerra).

Otras pandemias fueron más letales sin que se armara tanto alboroto. La gripe asiática de 1957-1958 mató 2 millones de personas y la gripe de Hong Kong de 1968-1970 mató alrededor de 1 millón. Y, por cierto, el concierto del siglo -Woodstock 1969- se realizó durante la pandemia de Gripe de HongKong (para la que no hubo ningún tipo de confinamiento).

Para hacerse una idea de lo que es una pandemia de las que matan de verdad, la gripe de 1918-1919 provocó quizá 100 millones de muertos. Decimos 'quizá' porque ocurrió durante el primer conflicto bélico con categoría de 'Mundial' y sistemáticamente se ocultaban las cifras reales. En cualquier caso la cifra de muertes fue, por lo menos, equiparable a las producidas por la guerra.

Además del ostentoso 'baile de cifras' en cuanto a muertes por COVID, se ha señalado la baja fiabililidad de los tests para detectar esta enfermedad. Al mismo tiempo, se han ido alzando múltiples voces para poner en duda las cifras de muertes por COVID y relativizar su impacto (por ejemplo, el Dr. Klaus Püschel, médico forense en el Hospital Universitario Hamburgo o la Sra. Sara Cunial (Química y diputada italiana ). Muchos vídeos han sido censurados, pero algunos han sobrevivido replicados en otras plataformas (como la Dr. Judy Mikovits o el Dr. Erikson, médico de urgencias en Bakersfield, California).
No obstante, algunas de estas voces son demasiado relevantes para borrarlas sin más (como es el caso de John P.A. Ioannidis). Para estos personajes se lanza una jauría de 'expertos' a desmentir sus palabras.

Todo indica que las cifras se inflan intencionadamente, incluso se han publicitado instrucciones a los médicos para contabilizar como muerte por COVID -pero sin ningún análisis que lo justifique- cualquier deceso que vaya acompañado de síntomas compatibles con dicha enfermedad.

Con toda la información disponible, se observa un 'efecto cosecha' tal como ocurre con la gripe estacional (precipita la muerte de quienes, por otras condiciones, ya estaban deshauciados). Cuando se examina de cerca, muy pocas muertes suceden a causa de la COVID.

Tambien queda por aclarar cuantas de las muertes son provocadas por la COVID y cuantas por la pandemia (bajada de ritmo en los servicos sanitarios normales, retrasos en intervenciones programadas, no acudir a servicios sanitaros ante un problema médico cualquiera por temor a contagio -sin olvidar las complicaciones por el estrés añadido).
En España, algunas de las muertes ocurridas en residencias gerátricas privadas (casi el 70% del total de muertes) podrían considerarse (y así lo hacen algunos) de homicidio imprudente.

El Washington Times lo resumió muy bien:

...
La respuesta al coronavirus es exagerada. Y con el tiempo, esta desproporción se revelará como un engaño político.
...
Los hechos son los siguientes: COVID-19 es una enfermedad real que enferma a algunos, resulta fatal para otros, principalmente para los ancianos, y no hace nada a la gran mayoría.

...

 

3. La respuesta a la pandemia

Aunque el gobierno habla de un 'problema médico', ya desde el principio muestra la implicación de las fuerzas armadas. Las cuales, según la constitución, "tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". Debemos suponer que esta crisis pone en peligro la soberanía, la independencia, la integridad o el orden constitucional.

 

En nuestro entorno (Europa, USA y área de influencia) se han llevado a cabo actuaciones de tres tipos:

Las medidas tomadas (en España y países vecinos) son bastante contradictorias. Para cualquier tipo de seguridad, un técnico les dirá que la seguridad total no corresponde al elemento más fuerte, sino al menos seguro de la cadena (que una vivienda no es más segura por ponerle una puerta de entrada superblindada si continuamos dejando abierta una ventana en los bajos). Salvo, claro está, que las medidas tomadas estén destinadas a crear un impacto psicológico independientemente de la protección que aporten.

Naturalmente, todas las actuaciones se cubren bajo el mismo paraguas: "combatir el mal" (ahora la pandemia, tal como hace unos años se combatió el terrorismo, anteriormente el comunismo y anteriormente otras supuestas amenazas). La absurdidad de algunas de las medidas tomadas y la dejación en otro tipo de medidas que sí serían saludables pero no se han tomado, ha hecho que que algunas personas significativas del mundo de la medicina y algunos medios especializados se pronunciaran al respecto. También se han agrupado algunos ciudadanos que se sienten manipulados.

Destaca, por su visibilidad, el uso generalizado de mascarillas. Una medida con un grado limitado de utilidad pero con un gran impacto social y la (falsa) sensación de seguridad que aporta. (algunas mascarillas advierten en su propio envase sobre su inutilidad frente a virus)
Y poco se han tenido en cuenta los efectos negativos de portar durante largos períodos un elemento que dificulta la respiración (incluso se han reportado muertes al practicar ejercicio físico con la mascarilla puesta)

Y, desde luego, el gran invento ensayado por primera vez con esta pandemia: el confinamiento generalizado de la población sana y el distanciamiento social. Porque siempre se ha confinado a los 'peligrosos' o, en caso de epidemia generalizada, han sido los 'sanos' que se han aislado voluntariamente en algún refugio (lo cual, de paso, ha dado lugar a algunas joyas de la literatura universal, como -El Decamerón).

Se sabe que ningún confinamiento evitará el contagio de toda la población. La teoría subyacente es que ello ralentiza dicho contagio y evita la saturación de los servicios sanitarios por la afluencia masiva de personas enfermas o con temor de estarlo. Se da el caso que los países que más han insistido en el confinamiento son los que han conseguido peores resultados (las mayores ratios de muertes) y los que mejores resultados han conseguido -incluso no sufrir ningún deceso por COVID- han practicado mejores medidas sanitarias sin llegar al confinamiento generalizado.

Neil Ferguson, el principal promotor en Europa del confinamiento de la población, a toro pasado reconoce que no ha servido para nada (desde el punto de vista sanitario). Solo hay que comparar los resultados en Reino Unido con los de Suecia, a pesar de poner en práctica estrategias completamente opuestas.

De hecho, esto del 'confinamiento generalizado de la población' se trata de una medida concebida y planificada en 2005-2007 por la administración de George Bush hijo en el contexto de un hipotético ataque biológico. El entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, tenía intenciones de transformar la sociedad llegando a hacer desaparecer la diferencia que separa a los civiles de los militares, lo cual permitiría incorporar más fácilmente los civiles a la guerra total contra el terror. De ahí el acuartelamiento de los civiles. (fuente)

Sorprende la rapidez con la que se ha puesto en marcha una iniciativa para normalizar la situación de confinamiento. Me refiero a las Balcony Stories. ¿Quizá lo acordaron en el Foro de Davos en Octubre 2019?

La situación más parecida que hemos vivido fue la Gripe A de 2009-2010. Una gran alarma que acabó en nada (salvo destruír 10 millones de vacunas que no se llegaron a usar, pero que pagamos los de siempre)

Sin embargo, el hecho más destacable, ha sido la labor de los medios de comunicación. Si en anteriores epidemias -reales- los medios procuraron transmitir un mensaje de tranquilidad, en ésta -irreal- han redoblado los tambores del miedo. Repitiendo una y otra vez el mismo mensaje, empleando un lenguaje bélico (combatir, defenderse, luchar, ...) han conseguido desvíar la atención de una gran parte de la población. Que se olvidaran de su salud y se centraran en el temor al enemigo microscópico. Y cuando digo 'medios' incluyo en lugar destacado a Google, cuyo buscador incluye resultados con referencia a la COVID aún cuando no se haya introducido la palabra en la búsqueda.

Este conjunto de actuaciones se inscriben en lo que en sociología se llama 'violencia simbólica', una imposición desde una minoría a una mayoría sin que estos la perciban como dominación. En el terreno político se llama 'doctrina del shock' (a partir de desastres, ante la conmoción y confusión, aplicar reformas políticas y económicas en contra de la población), que viene a ser la continuación o extensión de las "Armas Silenciosas para Guerras Tranquilas" (actuaciones destinadas a producir indirectamente cambios sociales para conseguir más control del conjunto), desarrolladas en el marco de la Guerra Fría.

 

4. La Gripe A (una pandemia que no llegó a cuajar)

La gripe A (por proceder de Aves) fue declarada como pandemia por la OMS en Junio de 2009, y se 'cerró' oficialmente el 10 de agosto de 2010. Se le atribuyen 19.000 víctimas en todo el mundo (el 4% de las muertes que causa un temporada de gripe normal). Además, tuvo efectos curiosos en algunas poblaciones.

Vino precedida y acompañada de una gran fanfarria mediática. Muchos gobiernos de apresuraron a invertir dinero público en la compra de vacunas y medicamentos caros e ineficaces, pero una gran parte de la población rehusó vacunarse y éstos acabaron destruídos.

Lo más relevante de dicha 'pandemia' fue el incidente de las vacunas de Baxter. Actualmente ha prácticamente desaparecido de internet -del buscador Google- cualquier referencia al mismo, por lo que vale la pena recordarlo. Dicha compañia preparó un lote de vacunas para la gripe y las distribuyó entre sus clientes. Un contenedor con 72 Kg. (apto para 1 o 2 millones de dosis) llegó a la empresa BioTest en la República Checa y allí, más allá del protocolo obligatorio, un empleado realizó un test adicional. Aplicó la vacuna en hurones (se emplean estos animales por tener una respuesta muy similar a la humana en temas de gripe). Todos los animales inoculados murieron. Y saltaron las alarmas. Resultó que el material contenía virus activos de dos variedades, una muy mortífera pero poco contagiosa y una muy contagiosa aunque poco mortífera. Si se hubieran diseminado entre la población de Europa del Este como estaba planeado, con toda probabilidad en algunos de los sujetos inoculados se hubieran combinado haciendo realidad las peores predicciones (o amenazas) de la Gripe A.

En su momento Baxter (en su página web: yo lo ví) quitó hierro al asunto aduciendo el cúmulo de casualidades que llevaron a 'contaminar' sus vacunas. No ha sufrido ninguna repercusión jurídica ni económica.

 

5. El origen del virus

Los virus están por todas partes en cantidades ingentes. También sobre nuestra piel y en nuestros intestinos. Incluso los llevamos incorporados en nuestro genoma (y cumplen funciones decisivas en la embriogénesis). Definirlos como "agentes infecciosos" es equivalente a definir las piedras como 'armas arrojadizas': algo que, siendo cierto, es extremadamente reduccionista.

Y mutan contínuamente (por ello son tan poco útiles las vacunas ante ellos: cuando el cuerpo ha generado defensas para una variedad -o unas pocas variedades- llega una nueva cepa para la que no hay defensas específicas).

Las mutaciones grandes -el salto entre especies- ocurren raramente en la naturaleza. Deben darse muchos cambios simultáneamente para cambiar de hospedador. Una manera de provocarlo es inoculando virus específicos de un hospedador en un animal de otra especie y repetir el proceso unas cuantas veces.

La fabricación de vacunas cultivando virus en huevos embrionados se ha señalado como posible causa muchos de los nuevos virus. Además, desde hace pocos años, pueden fabricarse a partir de sus 'planos': su secuencia genómica descrita en un ordenador, sin intervención de ninguna célula viva. Y, naturalmente, esto se investiga con buenos propósitos.

Para el SARS-CoV-2 (el virus causante de la COVID-19), los medios han insistido contra viento y marea en su 'origen natural'. Incluso se afirmó que su origen se debe a comer animales salvajes. Resulta ridículo. Por su parte, Luc Montagnier (Nobel de medicina por el descubrimiento del VIH), ha declarado que este virus 'contiene algunas secuencias del VIH' y considera imposible un origen natural. No hace falta decir que ha saltado la jauría de 'expertos' a desmentir un atentado tan evidente al dogma vigente.

Aunque hay pocas dudas sobre su origen artificial, no hay pruebas directas que determinen si se trató de una diseminación intencionada o accidental, ambas alternativas son posibles. Ni de su lugar de origen. ¿El Instituto de Virología de Wuhan? ¿Fort Detrick?. El tiempo lo dirá. O no.

En lo que no cabe ninguna duda es en la utilización política de esta 'pandemia'.

 

7. ¿Quieren matarnos a todos con este virus?

Sea por ingenuidad o por soberbia, algunas personas imaginan que 'alguien' está dispuesto a montar todo esto tan solo para provocar medio millón de muertos (como si un ratón de campo, al ver tractores trabajando, imaginara que van a por ellos). A veces, una sola operación de bolsa provoca más muertes que esta pandemia (simples 'daños colaterales').

En todas las guerras mueren civiles que no deseaban participar en ellas. En las guerras napoleónicas los civiles muertos representaban un 10% del total de bajas. Pero desde entonces no ha cesado de crecer la proporción. En la I Guerra Mundial las muertes de civiles ya superaban a la de militares, en la II G.M. ya doblaba o triplicaba. En la ocupación de Afganistán hay estimaciones que sitúan la proporción en 10 a 1 (10 civiles muertos por cada militar).
Cuando las personas pasan a ser tan solo un bien de uso (como una máquina o un molino) son tratadas acordemente. ¿Se desea destruir la infraestructura de un país considerado enemigo? Pues la misma suerte para su fuerza de producción.

Octavio Paz (en 'El Laberinto de la Soledad', 1950) nos hacía esta reflexión: Cuando el mexicano mata —por vergüenza, placer o capricho— mata a una persona, a un semejante. Los criminales y estadistas modernos no matan: suprimen.

Por otra parte, incluso cuando se procede a la aniquilación de un grupo humano interviene la economía. El coste de la 'liquidación'.
En el genocidio más documentada de la historia (la 'solución final' del III Reich) pronto se vió que matar a tiros era poco eficaz. Se tuvo que organizar un enorme dispositivo para llevarlo a cabo.
Al final, lo que resulta más efectivo (desde el punto de vista económico) es lo que viene a llamarse necropolítica, es decir, crear las condiciones para que los elementos improductivos o superfluos se mueran sin más intervención (o se maten entre ellos).

 

7. Cui prodest?

A menudo se invocan nebulosas élites o hipotéticos grupos secretos (Iluminati, etc.) para poner nombre a los responsables de desastres provocados. No creo que haga falta, se anuncian ellos mismos. Las actuaciones del III Reich (1933-45) quizá sorprendieran a algunos, pero Hitler había publicado sus intenciones ya en 1925.
En 1997 el PNAC publicó su 'Declaración de Principios'. La firman, entre otros, Jeb Bush, Dick Cheney, Francis Fukuyama, Donald Kagan, Dan Quayle, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz. Cuando George W Bush accedió a la Casa Blanca (en el 2000), entraron en el gobierno y otras instituciones del estado. 'Sucedieron' los atentados del 11-S y desencadenaron la 'guerra contra el terror'. Perdieron poder político tras las costosas (e ineficaces, además de crueles) invasiones de Irak y Afganistán. Pero no parece que totalmente. Donald Rumsfeld andaba en cabeza con el fiasco de la Gripe A.
Por su parte, la Fundación Bill & Melinda Gates practica el 'filantrocapitalismo' a cara descubierta. "Trabajan para reducir la desigualdad" con tanto éxito como el Banco Mundial en "acabar con la extrema pobreza" (los lemas de estas dos instituciones).

En ciencia militar se llama 'maniobra de distracción' a cualquier actividad, generalmente inocua, que atraiga la atención del adversario para que no advierta la o las maniobras destinadas a derrotarlo. No son exclusivas de la actividad militar. También se emplean en el terreno deportivo, económico o político. Incluso en lógica discursiva. Y son fundamentales en la prestigitación, donde el 'mago' aparenta un error en una mano para que no veamos lo que hace la otra.

Así que sería interesante observar qué sucede mientras nuestra atención está absorbida por 'la pandemia'.

¿Qué problemas han desaparecido? A nivel local, hemos olvidado -o, por lo menos, le prestamos menos atención- a cuestiones como la corrupción generalizada, en particular la de S.M. el Rey emérito, la connivencia entre los tres poderes (supuestamente independientes), los problemas regionales, la desigualdad y la inseguridad crecientes, etc. Es de suponer que en otros países lo aprovecharán para 'sus' problemas. Es el premio por colaborar en esta maniobra. En Hungría han sido más descarados a la hora de recortar libertades y acumular el poder en la presidencia. En otros simplemente se ha 'tapado la boca' (o eliminado la libertad de expresión) en nombre de la 'seguridad nacional'. No hay nada como un buen enemigo para 'unir' a la población bajo el mando 'salvador'.
A nivel mundial, el cambio climático ya no es un problema tan perentorio. La preocupación por la contaminación del aire, de los mares, y de los ríos ha disminuído. Se oye menos el ruido de las guerras comerciales y en lugar de 'revoluciones de colores' hay -simplemente- cambios de alianzas.

¿Y qué se está cociendo? La red 5G, de interés fundamentalmente militar y pivote de la tensión China-USA, se está implementando financiada comercialmente (del mismo modo que la investigación sobre la energía nuclear -de interés militar- se financió con algunas aplicaciones civiles).
Durante la pandemia, el 'Oriente Medio Ampliado' ha experimentado cambios notorios (particularmente los roles de Turquía y de Arabia Saudita).
El gasto militar -en detrimento de lo social- se ha disparado en todo el mundo. Según el SIPRI, en 2019 el gasto militar mundial fue más elevado que nunca. Y sigue aumentando.

Y se ha lanzado un nuevo 'enemigo al que temer'. La locura anarquista queda lejos. El amenazante comunismo desapareció. El terrorismo se ha desinflado. ¡Llegan los virus! (y, por supuesto, las vacunas).

La "Nueva Normalidad" que se nos anuncia trae de nuevo lo mismo que los movimientos políticos autocalificados de "Nuevo". Fuerza Nueva, Ordine Nuovo, Ordre Nouveau, etc. Es decir, la vieja costumbre de imponer el parecer de unos pocos a todo el mundo.

George Orwell se quedó corto en su 1984 (funcionarios colocando secretamente micrófonos en los domicilios). Ahora cada uno se paga y coloca sus propios dispositivos de rastreo (smartphones, tarjetas bancarias, tarjetas de supermercado, ordenador, etc.)
Lo que Orwell no llegó a prever es el auge de la ingeniería social. Ha llovido mucho desde que el 'sobrino listo' de Freud (Edward Bernays), lograra hacer fumar a las mujeres y 'convencer' al pueblo usamericano de que era necesario entrar en la I Guerra Mundial. Ahora se nos venden detergentes, presidentes, gadgets o miedos, con gran facilidad. Y continuamente.

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P.S. La 'B' de 'Gripe B', además de seguir a la 'A' de la Gripe A, viene de Beneficio. Porque 'alguien' se beneficia.