La locura de la locura

 

Diferentes miradas ven diferentes cosas. Por poner un ejemplo, una roca cerca de la costa puede ser vista como pintoresca por el artista con intención de pintarla, como reserva de biodiversidad por el naturalista o ecologista, o como peligro para la navegación por el marinero que navega cerca de ella.

Esto de los trastornos mentales, las enfermedades mentales, la locura, o la simple "diferencia", es territorio de gran confusión. Al hablar de locuras se pueden distinguir -por lo menos- tres perspectivas distintas. Tres puntos de vista distintos. Tres maneras de mirarlo. Pero muy a menudo hablante y oyente, no lo tienen en cuenta, creen hablar de lo mismo y sin embargo no llegan a encontrarse.

Admitamos que se pueden dar estas tres perspectivas:

Además, naturalmente, están sus intersecciones. Dejando de lado las diferentes proporciones de cada uno de los casos (representados aquí en una geométrica simetría), podríamos representarlo así:

El círculo de abajo a la izquierda representa la experiencia personal de sufrimiento psíquico. El de abajo a la derecha, la percepción subjetiva de su entorno. Y el de arriba en el centro, las repercusiones verdaderamente dañinas para su entorno de una mente realmente perversa.

Así, tendríamos:

Personas que experimentan sufrimiento, pero cuyo entorno no lo percibe como patológico, o no lo percibe en absoluto. (Por ejemplo, algunos intelectuales y artistas en cuya vida experimentaron mucha soledad e incomprensión).
Personas cuyo entorno las interpreta como 'patológicamente diferentes' sin que ellas vivan otra cosa que su normalidad y sin que ello represente ningún peligro para su entorno. (Muchos marginados. De todo tipo. En su propio país o en otro).
Personas que representan un verdadero peligro para el resto de humanos, pero cuyo entorno no las percibe como casos patológicos ni peligrosos. No sufren. (Los que describiera Hervey Cleckley en "La máscara de la cordura". De hecho, muchos políticos y CEOs).
Similar al caso anterior, pero con dolor interior que se traduce en sadismo exterior (Algunos líderes militares y religiosos).
Sufrimiento interior e incomprensión e intolerancia exterior sin comportar ningún peligro para nadie (Los psiquiátricos están llenos de casos así).
Peligrosas para su entorno y percibidos como tales. Sin sufrimiento interior (Algunos inquilinos de cárceles y psiquiátricos son así).
Sufrientes, peligrosos y percibidos como tales. El mal adentro y afuera (Algunos criminales son así).

Esta es una 'clasificación' meramente teórica. La totalidad de los términos empleados, salvo que algunas ocasionales circunstancias lo permitan, son imposibles de medir. ¿Peligro? ¿A juicio de quién? Por poner un ejemplo histórico, Hitler ha sido diagnosticado 'post mortem', pero en su momento millones de seguidores no lo percibieron como peligroso (lo mismo puede decirse de algunos líderes actuales). Y si un profesional facultado para dictaminar, dictamina que alguien es peligroso para sí o para otros, no suele haber una segunda opinión. Por otro lado, aunque hablemos a menudo de sufrimiento ¿Quién lo mide? ¿Qué prueba objetiva distingue el sufrimiento real del histriónico?

La única utilidad pretendida con este esquema es mostrar la diversidad de casos a los que puede aludir una calificación de 'loco', de 'enfermo mental' o de cualquier tipificación de 'diferente'.

Tengamos en cuenta, además, que a todo esto se suma una tupida trama de intereses y de relaciones de poder. De corporaciones dispuestas a promover y mantener 'enfermedades mentales' con tal de incrementar su cuenta de resultados. De familiares, conyugues o socios más interesados en su propia comodidad que en lo que pueda ocurrirle al otro. De profesionales que prefieren hacer 'lo menos posible' para justificar su sueldo, aún cuando esto sea lo menos beneficioso para otros. De profesionales psi que en su trabajo muestran cada día lo que mostró el experimento de la cárcel de Stanford. Y -no lo olvidemos, también ocurre- de personas que ante una adversidad prefieren una pensión (aún cuando lleve aparejada la etiqueta de 'incapaz') a pelear para salir adelante.

Y una cosa más. "Last but no least". La enorme ignorancia que tenemos sobre la mente humana. En lo que hace a las 'enfermedades mentales', entrado el siglo XXI no curamos más que que hace cién años. Mucho marketing, mucha "década del cerebro", muchos 'fármacos maravillosos'. Pero de quienes experimentan una psicosis "un tercio de los pacientes mejora completamente, un tercio mejora a medias y relativamente, y un tercio no mejora en abosluto". Ahora como cuando se daban baños helados y shocks insulínicos. No me crean. Busquen, miren, comparen. Algunos exitosos contraejemplos son, únicamente la excepción que confirma la regla. ¿Porqué seguimos así?