Humillados y Ofendidos

(o viceversa)

 

El título de esta página se corresponde con el de una novela de Dostoyevski donde se expone la trágica situación de personajes que han sido vejados debido a su situación económica o social que, sin embargo, resisten la hipocresía y la poca humanidad de sus ofensores sostenidos por su genuina bondad.

Sin embargo, el objeto de esta página no tiene nada que ver con la novela. Es tan solo una somera exploración de las reacciones de "ofensa" ante acciones, palabras, imágenes o cualquier otro tipo de expresión, porque algún colectivo las considera ofensivas. Sin entrar a valorar de ningún modo la reacción, ni mucho menos el derecho a sentirse ofendido, trato de entender la propensión a sentirse ofendido. Por parte de todos en general y por parte de algunos grupos en particular.

Soslayo algunos colectivos especialmente belicosos en sus reacciones porque merecen examen aparte. Por ejemplo, decir que en España en un año 30 hombres murieron a mano de sus parejas sin que se considere violencia de género, no solo ofende, es interpretado por algunas personas como un comentario 'machista'. Decir que "matar niños es un crimen abominable" puede sonar obvio en casi cualquier sitio, pero en Israel después de alguna de sus incursiones en Gaza no solo ofende, provoca una encarnizada respuesta y conlleva ser tildado de antisemita.

Creo (es decir, más fuerte que 'opino' sin llegar a 'tengo la certeza') que la propensión a ofenderse está íntimamente ligada a la propensión a posicionarse como víctima. Que se trata de una posición cómoda: justifica la propia inacción -sea por incapacidad o falta de voluntad- pasando la pelota al contrario. Habrá que examinarlo con más detenimiento.

Me meteré con la publicidad. Su labor consiste en 'crear impacto' y esto, a menudo, en forma que resulta ofensiva para alguien. A veces inadvertidamente, a veces con plena intención de obtener una visibilidad extra.

 


Es difícil mencionar a ETA sin que nadie se sienta ofendido. Hay víctimas por todos los lados.

 


Mezclar distintas religiones, incluso con las mejores intenciones, es una fórmula típica.

 


Más publicidad de supermercados que logra ofender a alguien.

 

Quien alguna vez tuvo que trabajar 'por un plato de lentejas' no le gusta lo promocionen como 'normal'.

 

La publicidad de automóviles siempre está rozando la 'ofensividad' de personas sensibles.


Y a veces logra exacerbarla: "No vamos a dejar que un país de ciclistas nos cierre el paso" reza el anuncio.

 

La publicidad sexista abarca todos los productos, y es muy frecuente en bebidas, como en este caso.

 

También para entidades financieras.

 

O electrónica de consumo.

 

También las iglesias ofenden. En este caso la Anglicana mofándose de la 'Purísima concepción'.
"Pobre José, Dios fue un acto difícil de seguir."

 

.. y se sienten ofendidas cuando se anuncian productos u ofertas milagrosas.

 

 

Tampoco podemos olvidarnos de las ofensas jocosas.